Raros, ya no tan raros. Vivir sin redes sociales empieza a ser visto como algo sensato.
Es por las manipulaciones de datos que jaquean a Facebook y los resultados de diversos estudios médicos que muestran cómo afectan la salud de los usuarios. Pero ¿es posible estar fuera? La red social unía lo que las distancias y el tiempo habían separado. Después el placer social, ser parte, compartir, mostrar lo mejor de estar vivos. Pero en el camino quedaron los intransigentes. Los anti, los raros, los ¿Para qué? Resitieron las insistencias, las cargadas y ahora ven pasar los escándalos y los efectos negativos de las redes sociales desde la vereda de enfrente, en donde la presión de los likes y las filtraciones no los tocan. Ya en su esplendor, a través de las aplicaciones, modificaron el comportamiento de las personas y se impuso la escena que ya es habitual, Seres que andan cabizbajos, celular en mano, por la calle. Hace ya varios años empezó a evidenciarse que las redes se han fijado en nuestras vidas de un modo más íntimo, modificando mecanismos de nuestro cerebro.La dopamida es conocida como la hormona del placer y de las adicciones, y segrega a base de respuestas inmediatas, los me gusta alimentan una zona frágil del cerebro humano que siempre quiere más likes. Un estudio danés señala que aquellos que dejan las redes se sienten más satisfechos con su vida. En las redes sociales dejás de ser una persona. Sos un objeto en una vidriera y la gente pasa de una a la otra como si nada.
Micaela Papatino



