Por el avance de los robots ya se habla de un hombre máquina.

Nuevos softwares emulan la capacidad del cerebro humano dentro de un chip. Especialistas analizan los próximos desarrollos. Con una automatización cada vez más extendida, los expertos en ética científica se preguntan cuál será el rol del robot en la sociedad del futuro. ¿Acaso será el espejo del humano, aceptará ser su esclavo, se convertirá en su patrón o se conformará con ser su herramienta? Para reflexionar sobre esta problemática, diferentes especialistas en la materia, ofrecieron su visión en un congreso de tecnología. Un claro ejemplo de estos avances cibernéticos se da en el mundo de las finanzas, donde los robots inteligentes están reemplazando a los tradicionales operadores de bolsa. Pero lejos de ser criaturas de lata con una mirada refrigerada, son programas de computación que se mueven a la velocidad de la electricidad. Mientras cualquier deducción humana podría tardar horas en alcanzar una conclusión legítima, un robot financiero la puede resolver en un segundo, de manera automatizada y monitoreando millones de fuentes de información a la vez. Los bancos mundiales invierten fortunas en algoritmos para monitorear información financiera y tratar de hallar patrones en ese inmenso volumen de datos para luego tomar arriesgadas decisiones sin supervisión humana. La gran ventaja de las máquinas es que carecen de emociones. Las grandes pérdidas financieras ocurrieron por el impulso de comprar un título que pensaba que iba a seguir subiendo pero terminaron perdiendo todas las ganancias. Estos robots mantienen la calma y siguen reglas muy estructuradas. El límite entre cultura y naturaleza es cada vez más difuso.
Marcelo Bellucci

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