Hay más baños unisex en el país y crece el debate por la intimidad compartida.

Es porque cada vez más gente percibe su identidad de género de manera diversa. Pero no todos se animan a utilizarlos y muchos sienten que puede haber situaciones incómodas. Hay olor a naftalina que neutraliza los vapores de los mingitorios y hay, también, besos de lápiz labial en las puertas graffiteadas de los cubículos con inodoros. En una de esas puertas, una calcomanía muestra desde atrás un cuerpo desnudo con rodete y curvas femeninas. El cuerpo se mira en el espejo y el reflejo le devuelve una cara angulosa con barba. En la facultad de Arquitectura y diseño de la UBA, reabrió sus puertas. Hace pocas semanas era de varones y ahora es un baño sin distinción de género. Y no es el único. Los hay en otras univesidades del país, en bares y restorantes, y en empresas privadas. Pensamos este espacio para que cualquiera pueda usarlo sin necesidad de sentir que sí o sí encaja en alguno de los casilleros de género previstos. Lo pensamos así incluso desde la señalética. No hay dibujosde personas, sino un mingitorio y un inodoro.
Julita Roffo

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