Fracasar. La vara de la derrota y el éxito de la sociedad del rendimiento.
Muchas veces no conseguimos los resultados pretendidos. La cuestión es cómo lidiamos con los obstáculos y las experiencias fallidas. Esta es la definición de varios especialistas..En tiempos en que la sociedad parece obsesionada por el rendimiento y el éxito, en los que la cultura impone el mandato de triunfar privilegiando las apariencias por sobre la historia más íntima, conviene recordar la parábola que Chejov apuntó en su cuaderno. Al menos para abordar con prevención y delicadeza un tema como el fracaso, en el que la mirada de los otros suele entrar en tensión con la forma en que nos percibimos nosotros mismos o con nuestros deseos más genuinos. Fracasar es no encontrar el sentido de la propia vida, no advertir qué es aquello propio y único que, a través de nuestra existencia, podemos aportarles a los otros y al mundo, así sea en planos muy íntimos y domésticos. La noción de éxito o fracaso es personal y cultural. El fracaso de uno puede ser el éxito de otro. Fracasar es también evolucionar, incluso en el plano personal, y siempre que se aprenda de la experiencia fallida y se persista en el afán. Esto es posible si no se asume el traspié como algo definitivo. Es éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperar. La perseverancia, la disciplina, el foco puesto en el proceso antes que el resultado. Es decir, en el compromiso con las metas que uno se ha trazado antes que en el reconocimiento social, que luego puede llegar o no. No fracasa quien choca con un obstáculo, sino quien cree que nunca podrá superarlo. Hay derrotas que aunque duelan, favorecen la posiblidad de aprender.
Santiago Kovadloff



