Los Hackers apuntan a los eslabones más débiles de la cadena financiera global.

Antes los ladrones de bancos usaban pasamontañas y cavaban túneles. Ya no. Hace tres meses, el mundo experimentó el mayor robo bancario de la historia cuando delincuentes se hicieron de 101 millones de dólares del banco central de Bangladesh. Estos estafadores del siglo veintiuno no usaron armas sino, que en cambio, adquirieron el código de acceso al sistema de mensajes y movimientos bancarios entre países conocidos como Swift, y usaron eso para convencer a la reserva Federal estadounidense para que transfiriera dinero a sus cuentas. Luego modificaron el softwear del banco para borrar sus huellas cibernéticas. Esto es alarmante, no es un caso aislado. Los oficiales de Swift confirmaron que un banco vietnamita sufrió un ataque similar hace seis meses cuando los ladrones intentaron  -pero felizmente no lograron- quedarse con más de 1 millón de dólares. Si bien el nivel de seguridad de los bancos en forma individual es elevado, la cooperación transfronteriza es lenta y en el sistema hay lagunas sorprendentes. Desde Swift han informado a sus clientes que están investigando múltiples casos de ataques similares.
Guillian Tett

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