Las cartas españolas

Hace miles de años ya se jugaba con naipes en China, pero en España los símbolos de las barajas se estandarizaron en 1889 y en la Argentina se utilizan para el truco. En los hogares, en salones de juego y también en mesas improvisadas en plazas o veredas los jugadores de cartas dan un espectáculo aunque no se lo propongan. Desde Santiago del Estero hasta Bs. As., Estambul o Nueva York, quienes juegan a las cartas desafían a la suerte. Y, en más de un caso, jugar es una forma de vida. Las barajas españolas, que en la Argentina se utilizan para jugar al truco y la escoba, conservan la marca de las tradiciones medievales europeas. Por su aspecto, los dibujos de estos naipes muestran a las clases sociales del Medioevo, o sea, los comerciantes, los sacerdotes, las noblezas aristocrática y los siervos. Este es el origen de los palos, que son las carta agrupadas por categorías. Por caso, el palo de oros, de espadas, copas y bastos. Pero los dibujos que hoy conocemos – esos hombres con faldas- o ataviados con grandes capas hasta el piso, fueron creados por los descendientes de Francisco Fournier, un imprentero francés asentado en el norte de España. Lo curioso es que en las clásicas barajas españolas los reyes suelen parecer hombres mayores y barbados, pero los nobles que se ven en las cartas de copas y oros son más jóvenes. Las barajas pueden incluir hasta 50 cartas, según el juego, pero no tienen figuras femeninas.

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