El poncho

Para el viajero ilustrado, el poncho remite a la vida rural y a parajes del interior profundo de la Argentina. Ya no es frecuente en el campo, pero sigue vigente en refranes criollos, como los que José Hernández anotó en su Martín Fierro. Pisar el poncho a alguien es retarlo a duelo. Quien se trae algo bajo el poncho , es poco confiable. Al referirse a las grandes distancias. Donde el diablo perdió el poncho. En 1954 nació en San Fernando del Valle de Catamarca. Los ponchos catamarqueños ganaron premios internacionales. La voz quechua ponchu aludía a una frazada y al poncho. Es una prenda sencilla y muy versátil. Protege el viento y la lluvia, sirve de cama para dormir bajo las estrellas y en los duelos a cuhillo, es un arma o un escudo. Los originarios pehuenches regalaron a San Martín uno para cruzar la cordillera, tejido en pelo de vicuña, alpaca y llama y con urdiembre de lana de oveja. En Salta, el tradicional poncho rojo, luce entre los colores de la bandera provincial, incluye paños cosidos a mano y en los bordes, franjas negras por la muerte de Martín Guemes. El poncho patrio de Tucumán es azul oscuro con fondo de bayeta roja, cuello y abertura con botones. En Buenos Aires son reliquias los ponchos fabricados desde 1820 con telares mecánicos en Manchester y Liverpool -Inglaterra- Los mapuches impusieron la guarda pampa con hilos de la urdiembre y la trama, teñidos con distintos colores. El pampeano ranquelino era confeccionado con pelo de guanaco y lana de oveja.

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